Violencia doméstica, el monstruo silencioso de la Rusia moderna

Última modificación : 16/11/2018

La sociedad rusa comienza ha reconocer una plaga y un tabú heredado de la época soviética: la violencia doméstica.
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En Rusia, donde están despenalizados los crímenes por maltrato doméstico, cada 40 minutos una rusa muere víctima de violencia de género. Sin leyes que las protejan, las mujeres quedan a merced de su agresor.

 

Una víctima y su atacante. Una llamada de emergencia que no es atendida. Una muerte violenta. Un juicio en marcha por negligencia y otro por asesinato.

Jena Sawtschuk contactó a la policía porque estaba en peligro. Su exnovio estaba en su casa. Ya la había golpeado antes. La llamada quedó grabada. “Si la mata iremos, tranquila”, dijo la agente que contestó. Ahora su tumba yace a 400 kilómetros de Moscú, en la ciudad de Oriol.

La violencia doméstica es muy común en el país y por lo general ocurre a puerta cerrada, con el silencio de las autoridades y hasta de la Iglesia.

Según datos del Ministerio de Asuntos Internos ruso, el 40% de los delitos violentos ocurren en el seno de la familia. El Gobierno también estima que alrededor d e14.000 mujeres mueren al año a manos de sus parejas. Pero, ante la inacción del Estado, las organizaciones internacionales creen que la cifra puede ser mayor.

"La descarada injerencia en la familia es intolerable"

En 2017, año en el que Jena murió, el Parlamento despenalizó la violencia de género en el país. Con la entrada en vigencia de la nueva ley, el maltrato ya no es castigado con cárcel sino con una multa de 450 euros.

"La descarada injerencia en la familia es intolerable", dijo el presidente ruso Vladímir Putin para justificar la nueva legislación, que rechazaron ampliamente organizaciones a favor de los derechos de las mujeres y otros sectores sociales.

"Antes, (el atacante) sabía que estaba ante un tribunal y sería condenado. Ahora estas agresiones están al nivel de una multa por velocidad", aseguró Roman Chabarow, policía ruso retirado que intenta visibilizar la problemática.

Las mujeres ni siquiera pueden pedir una orden de alejamiento para su maltratador porque no existe legalmente ese recurso en Rusia.

Una violencia auspiciada por la indiferencia estatal

El país eliminó la ley más importante en materia de género, empoderando al atacante y deslegitimando los abusos que sufren las víctimas. "Desde la despenalización, los hombres en vez de sentirse responsables se sienten héroes. Piensan que sus actos no tienen nada de reprensibles", dijo Natalia Tunikowa, víctima de agresión sexual.

Al no existir un marco legal, en caso de agresión las autoridades no puede detener a los culpables ni judicializarlos hasta que no se cometa un asesinato. Así, el riesgo de ser perseguidas y nuevamente atacadas se eleva dramáticamente.

"Las principales consecuencias de esto es que las mujeres pueden ser sujetas a todo tipo de violencias, discriminación y desigualdad social, económica, política y cultural...y el riesgo de ser asesinadas aumenta. Sus muertes quedan impunes al no existir ningún tipo de normatividad que penalice la violencia de género", explicó a France 24 la especialista en asuntos de género, Diana Parra.

En la mayoría de los casos, la policía desestima las denuncias o justifica al agresor. De ahí que más del 70% de las mujeres que llaman a la línea del Centro Anna, una de las pocas organizaciones ubicadas en Moscú que atiende los casos de abuso, no se atreven a denunciar su situación ante las autoridades, según reseñó el diario 'The Economist'.

Por eso "necesitamos imperativamente una ley protectora como la hay en otros países. Y lo primero que se debe hacer es definir qué es violencia doméstica, quién es el perpetrador y la víctima para entender la complejidad del problema", señaló Alexej Parschin, abogado defensor de víctimas de maltrato en Rusia.

Agresiones en nombre de los valores tradicionales

La violencia domestica tiene profundas raíces en la cultura rusa que permea todos los niveles a la sociedad y sus instituciones. Va de hombres a mujeres, de parlamentarios hasta policías.

En pleno siglo XXI, la esfera conservadora y la Iglesia ortodoxa continúan avalando el maltrato hacia la mujer, argumentando que los golpes son un método educativo dentro de la familia, perpetuando las agresiones en nombre de los valores tradicionales.

"Esto se explica con el retorno de los valores tradicionales a la Federación Rusa, inscrita en una nación y concepción de familia muy fuerte, rodeada de una profunda influencia religiosa", explicó el sociólogo Cesar Santoyo.

Pero mientras Putin eleva a Rusia como una superpotencia mundial, las mujeres siguen muriendo en un país que les da la espalda.

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